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jueves, 13 de junio de 2019

1ª y 2ª parte. III Centenario de la capilla de San Antonio de Corcubión, (1719 – 2019)

PRIMERA PARTE 


III Centenario de la capilla de San Antonio de Corcubión, (1719 – 2019).


Por Paulino Castiñeira Castro.



Capilla de San Antonio, fotografía de Ferrer para ABC, año 1920, recordando el segundo centenario de esta, construida en el año 1719.

     En el lado norte de la villa de Corcubión y con unas vistas impresionantes a la ría, era el sitio elegido para construir una nueva ermita en honor a San Antonio.

    En todos los lugares se reservaba sitos comunes para uso de los vecinos, donde cada uno lo usaba según las necesidades, hórreos, también se apilada la leña para tener en invierno, toxo para los animales etc. Como el sitio elegido está en lo alto, los labradores construyeron allí sus hórreos, llegando haber ocho.


    El sitio elegido, una masa común a inculto de unos dos ferrados de superficie, todo a piedra la cual se aprovechó para las paredes principales de la capilla. Hubo que hacer un trabajo inmenso para adecentar el solar, aun así, serían varias fases hasta quedar el entorno como lo conocemos hoy.

     Sabido es que las religiones siempre estuvieron llenas de creencias y simbología, la católica no quedo al margen de todas las historias que fueron pasando a través de los siglos y de generación en generación. Ahí quedó para los supersticiosos, la cruz, en los cruces de caminos, los cruceiros procesionales, o el de término de la parroquia, como el de Waldomar que nos recuerda que allí comienza la parroquia de Corcubión y termina la de Cée.
     Había también la creencia de protección para los templos sagrados, su alineación lo más posible con la catedral de Santiago, buscando la protección del apóstol durante el Camino y para los peregrinos. La situación de la capilla quedaba en el Camino Santiago a su paso por esta villa, su enclave hacía un cruce de caminos, hasta allí llegaba el que venía de Cée a Corcubión, después salía hacia el sur para llegar a la plaza pública, hacia el norte, dirección al monte, para el oeste partía Finisterra y también en esa misma dirección y a los pocos metros de salir de la capilla, seguía para la antigua ermita que distaba unos doscientos metros aproximadamente.
     Comenzada la construcción, se dan cuenta que la mejor situación es tal como la conocemos, quedando al revés de lo que era costumbre para los creyentes, la norma principal era que la puerta principal, tenía que mirar al lado oeste, aprovechando así toda la luz hasta que el sol se escondía, por la cara este se hacía ventana para recibir la primera luz del día. Aquí no fue posible por la dificultad del terreno, por eso fue construida al contrario de lo que se hacía regularmente, pero de este modo se protegía con esta alineación, estando así la puerta principal, a través de la catedral de Santiago.

     Ahora para completar todo lo referente al conocimiento, protección y simbología, se construye el cruceiro que es procesional, y se coloca de forma donde la cruz quede mirando para la iglesia de San Marcos, buscando la protección del patrono.
     Cuando a principios del año 1700, se comienza con la idea de ir dejando la ermita de San Andrés debido al estado en el que se encontraba, allí solo se daba culto a San Antonio y a la virgen María. Aún en mal estado seguía por esos años abierta la ermita que siguió aún después de construir la actual capilla en el año de 1719.
     (1) “Según sabemos por las diversas visitas efectuadas al arciprestazgo de Nemancos, en San Andrés de Canle se sigue haciendo referencia de la ermita en el año 1753 hasta que en 1792 se menciona que tan solo cuenta con cuatro paredes y un mal techo, por lo que se prohíbe la celebración de la misa mientras no se arregle”, cosa que no llegó a hacerse. 
     (2) “Me gustaría pararnos a analizar un caso concreto que se produjo en España hacia el siglo XVIII y que representa perfectamente la intención por parte del Estado de controlar sus bienes, así como a su población, con la intención de lograr una mayor organización administrativa y un mejor funcionamiento de su política. Se trata del conocido como catastro de Ensenada, una iniciativa promovida por el marqués de Ensenada (de ahí su denominación) que desde 1749 hasta 1755 se encargó de llevar a cabo un complejo y profundo censo de la población castellana y resto del territorio, con el fin último de establecer un impuesto único para todo el territorio.
Se trata de una iniciativa muy llamativa por varios motivos. En primer lugar, por ser la primera recopilación oficial de información a gran escala sobre todos aquellos territorios que componían España, que rondaban nada menos que los 15.000 pueblos. Una tarea harto compleja si tenemos en cuenta que estamos hablando del siglo XVIII, con las dificultades para recoger y guardar esa ingente cantidad de información. De ello se encargaría una amplia red burocrática que abarcaría desde funcionarios hasta alcaldes de las diferentes villas y pueblos”.
     Sin embargo, el Conde de Altamira se adelantó a esta iniciativa, allí donde le pertenecía. Así en el año 1724, un equipo de personas al mando de José Isla de la Torre, hacen un extraordinario trabajo donde queda reflejado todos los bienes del conde, gracias a ese estudio, nos sirvió para saber cómo funcionaba la Administración de los Altamira.
     Aquí quedó ya reflejado lo que sería el futuro Corcubión, dejando constancia de cuál era la línea a seguir construyendo, las zonas libres para posibles calles o separación de terreno, zonas comunes o públicas, et.   Todo esto sería realidad con la llegada de Ensenada.
El estudio una vez realizado, lo prepara en un inédito libro, que se titula: (3) “Compendio del Estado de Altamira, resumen de las Partes, Partidas y Habitadores de que se compone: Situación, Rentas y Regalías que pertenecen a los señores Condes, y frutos que producen, consta de 58 págs. de 30,50 x 22 centímetros”.
     “Un Estado, como el de Altamira, compuesto por quince jurisdicciones, doscientas cincuenta y ocho feligresías o Iglesias Parroquiales, y diecisiete mil cincuenta y dos vasallos que poblaban unas cuarenta y tres leguas y media a lo largo, con poco menos a lo ancho, merece más atención de la que hasta ahora se le ha consagrado”. “la Villa de Corcubión se compone de 200 vecinos, y está situado a la orilla del Mar Occeano, legua y media de la de Finis Terre”.
     Totalmente de acuerdo con el profesor Francisco Mayán Fernández, todo estudio e investigación que hagamos sobre nuestra historia será enriquecer nuestra cultura, saber y un mejor entendimiento para conocer nuestras raíces.

    Con este fabuloso trabajo, Isla de la Torre deja completamente detallado todos los bienes que presentaría al conde, casi no tuvo tiempo de reconocer todos sus bienes, poco después fallecía, Antonio Gaspar Moscoso de Osorio (IX conde de Altamira, señor de Morata 1711-1725)


Capilla totalmente restaurada con todo su entorno, una vez realizados los trabajos de restauración realizados en el año 1997. Ahora veinte años de su restauración .



SEGUNDA PARTE.


O pobo que pode mirar para o seu patrimonio en pé

fala da súa xente comprometiva co saber e a súa cultura.



 

Acuarela de Manuel Santos Rey, 2019. Vista del entorno del campo de San Antonio, trescientos años después.


     La capilla de San Antonio, situada en la parte alta de Corcubión, fue construida ya comenzado el S. XVIII. Podemos ver en distintas reseñas que aparecen publicadas en distintos medios que fue fundada por Domingo Durán en 1684.

Aunque no está muy claro que el escribano fuese el donante de la obra mencionada, ya que hay bastantes lagunas al respecto, las cuales iremos reflejando.

En la reconstrucción de la capilla del año 1997, los datos que encontramos dicen que fue fundada por Dña. Petronila de Rocha, vecina de Moraime (Muxía), datos que en parte están inscriptos en la base del cruceiro junto con el año (1719).



Detalle base del cruceiro donde se puede leer la inscripción competa referente a la donante, se puede ver a través de los cuatro lados y dice así: <ESTA CAPILLA HIZOLA DÑA PETRONILA DE ROCHA VECINA DE MORAIME EN EL AÑO DE 1719>


    También decir que Dña. Petronila de Rocha, la cual debía de gozar de buena posición económica, mando hacer la capilla de San Antonio para así asegurar una capellanía a un pariente suyo llamado D. Fernando de Hombre que era el encargado de la capellanía de San Antonio y Nuestra Señora en la antigua ermita de San Andrés de Canle (anterior poblado a la fundación del actual Corcubión).

     (4) “por lo que tenía asegurado el capellán un valor económico de 60 Ducados; además a raíz de construir la nueva capilla de San Antonio en el año de 1719, las hermanas Rosa y Antonia de Hombre y Lago, vecinas de Sta, M.ª de Vizeso, fundan en 1736 la capellanía en la nueva capilla, de la que se encargaba también su hermano y que contaba con 26 misas anuales que dejó Dña. Petronila de Rocha”.


Celebración de San Antonio, año 1928. Foto. Romero

Durante la década de los años 20 del pasado siglo, el día de San Antonio era una jornada festiva durante todo día, Corcubión se concentraba por todo el campo, después de la misa hacían la procesión dando la vuelta al cruceiro, finalmente, toda la vecindad, principalmente las familias de los lugares de la parroquia de Redonda, compartía la comida campestre pasando así todo el día y hasta llegada la noche.

    Merece conocer para no dar lugar a confusiones que, (5) “Domingo Antonio Durán y Vallejo, escribano de número en la Jurisdicción de Corcubión, nació por el año 1675, casado con Dña. Ángela M.ª de Espiño y Andrade, llega a esta villa en 1607. Un año más tarde tomaron en foro, una casa y una huerta junto a la iglesia de San Marcos, por una renta de seis ferrados de trigo; foro que le hizo el Licenciado D. Pedro Antonio de Lema, presbítero y vecino de Cée. Más tarde este foro pasaría a su hija Dña. Petronila de Espiño casada con D. Antonio de Lema y Velo”. De aquí puede que venga la confusión por la hija de Domingo Durán, el nombre puede ayudar a confundir con la donante de Moraime.


Detalle interior de la capilla donde se puede apreciar el trabajo que realizó la escuela taller de carpintería, no menos importante los de cantería que dejaron aquí su buen hacer y toda la ilusión para que esta obra fuese el espejo a mirarse todo el que hasta aquí llega, creo que lo consiguieron.

    A lo largo de estos trescientos años la capilla tuvo varios arreglos, casi siempre por los años pasados, seguramente el incendio sufrido en 1955 fuese el que más destrozo causó. Hubo que hacer el techo de nuevo, la imagen de San Antonio quedó inservible, ardió casi toda. Aquí apareció una donante vecina del pueblo que se encargó de traer la nueva imagen que es la que está ahora en la capilla. Además, se aprovechó para rebajar algo el altar, aquí aparecieron algunos restos de los que se dijo que eran de las hermanas Rosa y Antonia, pero este punto no quedó claro, lo cierto es que no tuvo más importancia y aquellos restos los llevaron para el cementerio.


Salida de la capilla después la bendición de los ramos año 1966, foto Caamaño. 

    Sin embargo, la reparación y reconstrucción en profundidad fue la realizada en 1997, esto fue ocasionado por el derrumbe total del techo que vino abajo un par de años antes. En esos años se formó un grupo de vecinas que con el permiso y dirección del cura D. Ramón, pusieron manos a la obra y con la ayuda de muchos vecinos/as, la Diputación de A Coruña con el Sr. Lendoiro de presidente y la gran ayuda ofrecida por el Concello, con Rafael Mouzo de alcalde, que a través de un curso de carpintería y otro de cantería  que era el grueso de la obra, se hizo realidad algo impensable cuando todo vino abajo. Se rebajó de nuevo todo el suelo para ganar altura y colocar piedra del país y al mismo tiempo recuperar altura en la puerta de entrada, que pasó de 1,60 cm a los 2 metros; esto nos da una idea de la altura de las personas en el S. XVIII.

     Desde entonces y como en alguna ocasión había ocurrido, la capilla tuvo algo más de vida, su maravilloso entorno invita al peregrino a descansar un rato y a continuación seguir el Camino hasta Fisterra. Se aprovechó y se aprovecha para hacer en alguna ocasión la misa a la virgen del Pilar, el domingo de ramos, homenaje al fallecido D. Ramón el 31 de agosto, lo mismo que se celebraron un par de velorios y también una boda.

     Quizá este siglo fuese el de mayor esplendor para Corcubión, a lo largo de estos cien años fueron reconocidas muchas familias por su trabajo y dedicación, ahí quedaron un número importante de escudos en las fachadas de sus casas, destacado sus emblemas que hacen referencia a sus apellidos.


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Bibliografía consultada.

(1)  Notas sueltas, ADSC. Visitas a parroquias.

(2) Programa de trabajo administrativo para llevar a cabo el equipo de Ensenada por todo el país.

(3)   Estudio realizado por la Universidad de Oviedo.

(4)   Datos extraídos de las visitas arzobispales al arciprestazgo de Nemancos, ADSC.

(5)   Del documento del Foro hecho a Domingo A. Durán y esposa del año 1708.

 

Publicación de c castro Paul. Junio 2019.




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